RESEÑA: The Conjuring: The devil made me do it

Los conocidos investigadores de fenómenos paranormales, Ed Warren (Patrick Wilson) y Lorraine Warren (Vera Farmiga), se involucran en lo que se convertirá uno de los casos más terroríficos de sus investigaciones. La lucha por salvar el alma del pequeño David (Julian Hilliard) pondrá en riesgo sus propias vidas, en este suceso histórico donde por primera vez en la historia de Estados Unidos, un joven sospechoso de asesinato, Arne (Ruairi O’Connor), justifica una posesión demoniaca en su defensa ante el acuso de homicidio.

LA CULPA LA TIENE EL DIABLO

Bajo este interesante argumento, la película inicia con intensidad con una gran escena del exorcismo de un pobre niño que luce como un camarón freso, húmedo y transparente, mientras el demonio comienza a hacer de las suyas. Desde este momento aparece la pareja de los Warren para iniciar una nueva aventura demoniaca y con ello excusar un homicidio realizado bajo la posesión de un demonio.

A partir de ese momento la película se convierte en una narrativa de suspenso con tintes detectivescos, y unos cuantos picos de terror que se acentúan con forme se va desenvolviendo el conflicto. Conforme pasan los minutos, personajes como el de Debbie (Sarah Catherine), hermana de David y novia del acusado Arne; junto a Drew (Shannok Kook), amigo detective, y el padre Kastner (Jhon Noble), se suman a la causa por intentar descubrir qué es lo que está pasando y quién se encuentra detrás de ello.

Patrick Wilson y Vera Farmiga se ven increíbles en sus papales de enamorados caza demonios, como dupla trabajan con gran química y brindan mucha confianza al proyecto. Esta interacción es sin duda el elemento más poderoso de la cinta y uno de sus grandes motivadores.

Al final la trama se cierra por completo, con un desenlace para mi gusto algo cursi que da sustento a unos cuantos flashbacks del día en que se conocieron los esposos Warren, pero que de manera correcta concluye el misterio de este nuevo conjuro.

ME GUSTA PERO NO ASUSTA

Debo decir que a mí no me gustan las películas de terror, simplemente no disfruto estar estresado frente a la pantalla por casi dos horas. Dicho esto, y siendo alguien que fácilmente se asustaría, puedo decir que la película no es tan efectiva en sus intentos por generar miedo.

Los sustos son previsibles, entendiendo la técnica narrativa del género, sobre todo si antes de la película ven el tráiler, ahí prácticamente se muestran casi todos los picos de terror del largometraje. Cuando el horror va más allá de atmósfera de invocación demoniaca, llega un punto en que aparecen ciertos seres que se pudieran apreciar más como muertos vivientes y no como presencias metafísicas.

Por otro parte, el simple hecho de que las películas de «El Conjuro» se basen en supuestos hechos reales, les brinda una autentica sensación de seriedad y mayor intención de verdadero terrón.

UN CONJURO UN SIN FIN

Esta tercera entrega definitivamente va en sintonía con el resto, a pesar de no contar con la dirección de Jamen Wan, el director de este proyecto, Michael Chaves, logra concretar un producto que se siente completo, conciso y bien ejecutado. En general es una buena película, y para mí gusto sólo la solución al conflicto y la falta de un terror más sofocante le restan unos cuantos puntos.

«El Conjuro 3: El diablo me obligo a hacerlo», es un producto que gustará a los fans de este universo y que continúa manteniendo de forma fresca y atractiva las aventuras de los Warren mientras su colección de objetos del demonio sigue creciendo.

CALIFICACIÓN:  ★★★ ½

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