#CINE My blueberry nights

603096_10151692326851800_1839262362_n“¿Cómo le dices adiós a alguien con quien no puedes dejar de vivir?”.- Elizabeth

La soledad es la persona que nos acompaña día a día y que algunos adoptan como amigo y otros lo toman forzosamente como un desconocido. Es la persona que se encuentra en las grandes ciudades del mundo donde las multitudes, los amores fugaces, la incomunicación y el desamor son su perfecta compañía. Es de las personas cuyo postre favorito es la tarta de moras (la que se queda intacta al final del día porque no es la favorita de la gente).

Así es como se siente Elizabeth (Norah Jones) tras su fracaso amoroso – “Quizá se fue con otra persona, quizá se fue con otros sentimientos”- A ella no le gusta la tarta de moras que se desecha a la basura al terminar el día, sino decide comer de esa tarta porque se identifica con ella.

Elizabeth recurre a una pequeña cafetería donde trabaja Jeremy (Jude Law), un tipo que conoce a las personas por el platillo que ordenan y no por sus nombres. Él colecciona las llaves que sus clientes suelen olvidar en su cafetería, las que representan las puertas que, a veces por miedo, uno no se atreve a abrir. Una cafetería en donde se pierde de todo lo que está pasando justo enfrente de él.

Gracias al enorme miedo de enamorarse de nuevo, Elizabeth decide realizar un viaje para encontrar su camino, un camino que le ayude a confrontar su inmenso vacío existencial. Viajar sin ningún destino en específico, pero viajar hasta que no queden lugares por visitar. Arriesgar todo a los instintos y a la suerte.

Ella se da cuenta que otros también son víctimas de los juegos del amor, personajes desamparados a nivel emocional. Vive un viaje lleno de nostalgia sumergido bajo los tonos neones que iluminan tenuemente la oscuridad que existe en aquellas noches de soledad.

“Sólo quería que me dejara ir. Y ahora que lo ha hecho me duele más que cualquier otra cosa en el mundo”.

Cuando llega el momento en que ella se siente lista para regresar y volver a comenzar, Jeremy la espera en su cafetería con la mesa lista y esa tarta de moras esperando antes de ser desechada a la basura.

“Al final de cada noche la tarta de queso y el pastel de manzana siempre se acaban. Pero siempre queda una tarta de moras sin tocar. ¿Y qué hay de malo con esa tarta? Nada, sólo que la gente elige otras cosas. No puedes culpar a la tarta de moras, simplemente nadie la quiere”.

Película que nos adentra en los flujos emocionales de las personas, un recorrido por las fibras más sensibles de los sentimientos humanos. Una narración profundamente emocional que nos acompaña con sonidos impregnados en nostalgia, e imágenes con colores fríos que arropan el corazón.

Recomendada para esas noches que nos visita la persona que simplemente nos quiere hacer compañía, la soledad.

CALIFICACIÓN: ★★★½

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